Estaba desprevenida. Había subido la persiana y entraba sol por momentos. Momentos, no pedía más que eso. Me senté en dirección a la puerta de entrada de aquel lugar y le agregué azúcar a mi capucchino mientras esperaba a que bajara. Entonces no recordé otras caras, otros días ni otros lugares. Entonces lo ví entrar y cuando me dirigió una sonrisa sentí que una vez más esa sensación se apoderaba de mí. ¿Cómo ir en contra de eso?. Todo el tiempo que implementé en olvidarme había sido desperdiciado. Traté de convencerme. Me recalqué el hecho de sostener una simple conversación pero no pude evitar perderme en la mirada. Y aunque muchas veces se me ocurrió pensar que no quería más de lo mismo me di cuenta que no puedo aniquilar mi espíritu autodestructivo. Cómo me gusta creer lo que tengo ganas de creer!
Hay gente vendiendo su amor. Veo un círculo de fuego en sus ojos. Este día es tan eterno. Dibujo sobre mis pies líneas curvas. Todo el tiempo deseo descubrir tu universo. Hay tantas historias ocultas, algunas vuelan, otras se sientan a esperarme. Las sensaciones empujan para salir. Podés elegir de qué color ver el cielo. Mis excusas son manipulaciones. La inocencia me hace más frágil.
Estoy algo mezclada en estos tiempos.
