Dicen por ahí que los minutos que preceden al sueño son magníficos. En ellos adquirimos un estado mental similar al que se logra con meditación o ejercicios de respiración.
La mente se aleja de pensamientos básicos y desarticula los asuntos que tanto nos atormentan. Es como un trance. Tan liviano el cuerpo. Sensación inexplicable, como para frustrar al escritor.Dicen que desde entonces el alma despega del cuerpo y flota en energía. Da vueltas, imagino. Entonces surgen deseos, frustraciones, amores, odios, desconciertos, errores y tantas otras situaciones. Personas que vemos seguido, algunas que no volvimos a ver, otras que jamás veremos y muchas que nisiquiera recordamos haber visto. Confesamos, nos disculpamos, lloramos, nadamos, corremos, tocamos, amamos, golpeamos ...
Dicen que en los sueños hay señales. La gente común toma esto con menor importancia de la que tiene. Podría soñar un número, apostar y ganar. Me podrías decir a trvés del sueño que es lo que en realidad te pasa. O lo que yo quiero que te pase.
Es probable que muchos de los sueños no los recordemos. Dicen que solo nos acordamos de lo que somos capaces de soportar. ¿Y cuándo nos despertamos llorando?. ¿Cuándo caemos en un abismo y saltamos de la cama?. Dicen que eso quiere decir que no aprendimos todavía como aterrizar el alma en el cuerpo. Hace mucho que no me pasa, debo de haberlo entendido. ¿Y cuándo hablamos dormidos?.Dicen que los primeros segundos al despertar son grandiosos, porque no tenemos noción de nuestra vida, el pasado, el presente y el futuro.
Esos minutos que preceden al sueño son gloriosos, según Borges, deberíamos agradecer por ellos.
