23 April 2007
Dame una Z
Gritaba. La respiración se cortaba. Algo de oxígeno todavía me quedaba, pensaba. Ellos abrieron la puerta de mi habitación y me zamarreaban, como intentando despertarme. Yo los veía difusos. Me levantaba, pensaba. Lograba abrir los ojos y me sentaba. Por fin. Pensaba que pasaba. Y otra vez. El miedo me inundaba. Y los gritos eran mudos. Seguía reposando tímidamente para el que podía observarme de afuera. Pero llena de angustia por dentro. Y de un momento a otro, sin que ningún ruido me salvará, despertaba sobresaltada, mientras profundamente respiraba. Ellos jamás entraron. Y él seguía acechandome. Y en ese lugar, naide podía verlo. Nadie podría saberlo. Yo nada diría.
