Puede ser que las probabilidades no den con el caso, puede ser también que no crea en las probabilidades. La cantidad de factores que se tienen que dar para que determinado hecho suceda me hace preguntarme si ese hecho tendría que haber cambiado mi rumbo o no. De cualquier modo dejé pasar el instante... y eso que lo iba pensando...
Llegar 5, 10 minutos después de hora al aula 254 e ingresar con la clase ya empezada me hizo salir más temprano que de costumbre de mi casa el miércoles pasado. Sabía que llegaría con tiempo de sobra así que decidí no molestarme con las fastidiosas esperas para sacar boletos y "avanzar" con la masa de gente que caminaba unos metros para pasar del Belgrano a la línea C del subte. Recuerdo que venía escuchando a Patty Smyth cuando un tipo que quiso pasar entre la fila que hacíamos frente a la ventanilla (y como no lo detecté al pasar por mi lado) se acercó y me dijo: "Cheta", término que lo tomé como una total agresión a mi persona porque sabía, entre mí, lo que había querido decir... Volviendo a lo que me tenía como protagonista (!?), pasado el temita este, me dirigí a introducir la tarjeta en el aparato metálico y pasé por el molinete cuando la luz me dió el ok y expulsó el cartón (cada vez que tengo que pasar por ahí pienso que voy a empujar la barra y se va a trabar, es como cuando salís de un negocio y no te robaste nada pero pensás que la alarma va a sonar). Dos pasos más y el subte se me iba, abarrotado de personas, motivo por el cual tampoco llegué a padecerlo, además de inmediato ví aproximarse otro coche. Me acerqué, subí y me senté al lado del vidrio que separaba los vagones. Una estación más, al lado de mí, se acomodaban dos señoras que venían hablando con otro sujeto, agarrado de las argollas que colgaban del techo y comiendo galletitas de agua de una forma repulsiva, actitud que se notaba en el rostro de las personas que se amontonaban a su alrededor. Justo en la mitad de mi recorrido, en una de las estaciones que hace combinación con alguna otra línea, podría ser Avenida de Mayo o Diagonal Norte, subió un grupo de personas. Sin siquiera molestarme en girar la cabeza hacia mi izquierda (para no seguir padeciendo a las señoras), ví un muchacho que se paró junto al señor que antes mencionaba, a lo cual pensé: "Uummm... ¿Es quién yo creo?... no, no, mirá si va a ser él." Pero la curiosidad pudo más y tuve que fijarme. Era él. Camisa a cuadros negra y roja con un pin de The Who del lado izquierdo y un jean negro, cara de *odio levantarme temprano* pero lo suficientemente alineado, me pareció que traía algo en la mano también. Para qué te voy a explicar lo que era yo a esa hora. Además de mi cara de *no me rompan las pelotas porque me levanté hace dos horas*, mi peinado no era lo que uno anhelaría para ese tipo de encuentros. Bueno, estaba ahí, debatiéndome entre saludar y no saludar y mirando hacia otro lado porque, también pensaba en qué vergonzoso era que no se acordara de mí. En frente, una señora sonreía, como si a esa hora y en ese lugar hubieran suficientes motivos para hacerlo, quien te dice, no estaba ahí en ese entonces, eso se me cruzó por la cabeza. Sucede que el viaje se me empezó a volver eterno cuando las señoras que estaban a mi lado se bajaron y él se sentó ahí mismo. Y mientras cabeceaba para dormirse, yo seguía insistiendo en acordame como era que se formaban las oraciones con las palabras, como era que se hilaban las oraciones para pronunciar algo más o menos coherente y que esté al margen de lo bien que desarma la batería, lo que habíamos hablado aquella vez antes de intercambiar teléfonos y nunca llamarnos y el por qué dejar de saludarlo cuando le preguntó por mí aquella noche a mi amiga. Y este es el ejemplo del *no hacer* por detenerse a pensar en el mecanismo que lleva a la acción. Porque llegué a Independencia y tuve que despertarme para correr a la puerta de salida y hacer combinación con la línea E y supongo que él llegó hasta Constitución para después tomar algo hasta Lanús, con L.
Y como no preguntarme que carajo de pasada me había querido jugar el destino en el que no creo para nada...
